La costa libia del Mediterráneo guarda todavía restos arqueológicos que nos hablan del esplendor del país en la época del Imperio Romano, aunque no hay que olvidar que los primeros en llegar fueron los fenicios. Trípoli fue en su origen un grupo de tres colonias fenicias, Oea (actual Trípoli), Labda (la romana Leptis Magna) y Sabratha. Por eso la zona recibió el nombre genérico de Trípolis, es decir, tres ciudades.

Leptis Magna fue fundada por los fenicios en el s VII a.c., pero su momento de máximo esplendor tuvo lugar bajo el Imperio Romano, durante el reinado de Septimio Severo, hijo de Leptis, en el siglo II de nuestra era.  El teatro, el arco de Septimio Severo, los baños de Adriano, el templo de las Ninfas, la cabeza de Gorgona, el puerto y el mercado son algunos de sus puntos de interés más destacables.

En cuanto a Sabratha, fue uno de los puntos de partida de la ruta de las caravanas desde el Mediterráneo hacia el desierto y en este asentamiento no hay que perderse los magníficos mosaicos y el anfiteatro, cuyo escenario está enmarcado por 108 columnas corintias dispuestas en tres pisos.

“Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas”.

Fragmento del viaje a Ítaca